Semblanza de Don Edelmiro Ábrego

A mediados de los años 40, la señora López, madre de don Edelmiro Ábrego en una de sus esporádicas visitas del entonces lejano Terán a Monterrey, tenía la consigna del pequeño Edelmiro de que le comprara una guitarra.

El entonces instrumento favorito de su hijo de crianza valía 150, y ella sólo traía 100, por lo que al ver un violín, y parecerle semejante, optó por comprárselo.

Y ahí se puede decir que arrancó la historia de un grupo que hoy tiene ya 28 años de vida y una legado rico con 26 discos grabados.

“Cómo son las cosas. Me enojé mucho, yo quería una guitarra y ahora no dejo el violín”, reconoce el líder de los Líricos de Terán, el grupo que innovó con la cumbia de violín.

Edelmiro, de 79 años, tuvo que aprenderle al pequeño instrumento en los 15 días en los que fue enviado al Ejido La Conquista, al cual llegó también para vender productos y para reposar de una operación de apéndice.

“Para lo que toco hoy de violín, no es por presunción, pero lo aprendí en esos 15 días con el señor Pedro Álvarez, pero luego de 8 años lo dejé de tocar”, recuerda Ábrego.

Y es que luego de andar tocando en Monterrey entre 1951-1954, consiguió papeles para mudarse a Estados Unidos, en donde vivió en ciudades como California, Texas y Florida, combinando diversos trabajos con la música.

“Agarré el bajosexto por 27 años y me olvidé del violín por completo, y así anduve, y luego en 1968 con una sobrina y nos llamamos el Dueto Fama, pero fue algo muy tranquilo”, relata Ábrego, quien antes integró los Líricos de La Luz y los Bohemios de Terán.

Los Líricos nacieron en 1982, ya con 52 años de edad de Edelmiro, y fue integrado originalmente por él y algunos de sus 13 hijos, el mayor ya fallecido, Eladio.

Su hijo Lolo, quien después sería el cantante, tocaba en un grupo en Terán, y querían grabar, pero al no tener apoyo, fueron con Domingo Chávez, de DISA, quien les realizó una prueba.

Don Edelmiro iba preparado para combinar el violín con órgano y acordeón, pero Chávez le pidió grabar con el puro violín, el cual volvió a tocar a finales de los 70, por lo que pidió un mes de prórroga para modificar los arreglos.

Y así, a los 30 días grabó el primer material: “El Brinquito”, que fue un éxito radial, y al tercer volumen llegó la consolidación con el “Violincito”.